• Aragua de Ayer

3 versiones de la muerte de Ribas

Jueves, 30 enero 2014
Por Editor Gustavo Gil

3 versiones de la muerte de Ribas

El episodio que recoge los hechos sobre la muerte de José Félix Ribas no tiene una sino tres versiones que relatan su trágico final.

La justicia tarda pero llega

La primer versión es de 1984 y relata que medio siglo después de la batalla de La Victoria, en plena guerra federal, el cuerpo envejecido del esclavo Concepción González, quedó colgado de una ceiba, en una apartada y polvorienta sabana cerca de Uverito. Dicen los que lo vieron que cuando el general Natividad Solórzano se lo topó de frente en el camino real, dizque le gritó: “Caramba Concepción, Dios te ha traído; vamos a arreglar de una vez lo del general Ribas”. Y parado sobre los estribos de su caballo le gritó al Sargento: “Traigan la soga, carajo! Vamos a salir por fin de esta vaina”. Era la justicia popular que esta vez también llegaba tarde.

Después de la Batalla de La Victoria, el 12 de febrero de 1814, Ribas siguió peleando. Ahora era General en Jefe y ostentaba el título de “Vencedor de los Tiranos en La Victoria”, con el cual lo había bautizado su sobrino Bolívar, para que así se le conociera por los siglos de los siglos.

Ribas llegó enfermo al hato “Las dos Palmas”, y González, esclavo de la familia Arzola, lo delató ante el Justicia de Tucupido, Lorenzo Figueroa (a) “Barrajola”, famoso por su crueldad. Conducido hasta el lecho del héroe, “Barrajola” lo trajo a Tucupido, y el 31 de enero del 1815, lo hizo ejecutar a lanzazos.

Le cortaron la cabeza, la frieron en aceite, y en macabra procesión la llevaron a Caracas donde la metieron en una jaula de hierro.

Los familiares, para asegurarse de que era su cabeza, llamaron al barbero que le había hecho dos extracciones de muela y fue él quien lo reconoció.

El esclavo Concepción González regresó a propiedad de su ama doña Juana González del Hoyo y Arzola y siguió siendo esclavo por un tiempo más. Para poder seguir siendo esclavo, había “matado” a su libertador.

A “Barrajola” le cobraron temprano su crimen: lo alancearon por los riñones en “Las Lagunitas”.

Recuperada la patria, Concepción González pasó el resto de su vida huyendo hasta que se encontró de frente con unos guerrilleros federales, quienes seguramente no habían conocido al general Ribas, pero luchaban por su misma causa.

A la voz del general Natividad Solórzano –dice la historia- se templó la soga y en acto –no de venganza- sino de justicia revolucionaria tardía, el cuerpo comenzó a bambolearse suavemente, acariciado tan solo por la brisa de la sabana.

Habla el nieto de un esclavo

La segunda versión la relató un anciano, nieto de Concepción González, el negro esclavo que acompañó al héroe en sus días finalesA raíz de la publicación del libro “…después de la batalla”, fui llevado por mi gran amigo Aquiles Rangel, a presencia de un buen señor nonagenario quien me dijo ser nieto de Concepción González (hijo menor de su único hijo) y me aseguró que según le había relatado muchas veces su abuelo a su padre y éste a él, la muerte del héroe había ocurrido de manera diferente. El general –me dijo- murió víctima de fiebres palúdicas y fue enterrado por mi abuelo en el hato de “Las dos palmas”. Por supuesto, antes de sepultarlo lo “cintureó”. Ya en Tucupido, mi abuelo llamó la atención por cargar revólver y estar gastando con morocotas y monedas de oro. Puesto en confesión, llevó a las comisiones realistas al sitio. Desenterrado el cadáver, lo trajeron al pueblo y lo botaron por un barranco, después de cortarle la cabeza, ya en estado de descomposición. Esa fue la razón por la cual la tuvieron que freír en aceite antes de enviarla primero a Guarenas y luego a Caracas.

La última rasurada

La tercera versión la dio a conocer el ilustre historiador guariqueño Adolfo Rodríguez.

Corría el año terrible de 1815, y era la última quincena del mes de enero. Después del desastre de Urica, de donde se desprendió Ribas con varios compañeros que en proporción que iban acercándose a sus lugares lo iban dejando solo, así quedó hasta que llegó a La Chaguaramita, hato de nombradía en aquel entonces, hoy porción del pueblo El Socorro: dicen que desde allí incubaba Concepción González la horrible traición y mandó a visitarle a Barrajola Teniente Real de Justicia de Tucupido, de donde era nativo, pues hay una comisaría que se denomina Barrajola; quizá vivía en aquel lugar el terrible hombre. Ribas, confiado en Concepción González, esclavo ahijado de Don Juan José González de Padrón, le mandó de una mata cerca de las Dos Palmas (Jácome) llamado Dragalito o Quebrada de las Vacas a buscarle bastimento y medicamentos para calenturas que le daban; y al haber llevado dinero en oro metió en sospechas a las autoridades realistas de Valle de La Pascua y lo examinaron dicen unos, que de motu propio dicen otros, pero de uno u otro modo fueron en una mañana fresca de enero a sorprender al ilustre héroe de La Victoria y sus leales compañeros donde dormían y bien seguros lo condujeron a la casa de Don Juan González de Padrón, donde le dieron permiso para afeitarse rasurado como lo acostumbraban hacer en aquella época; las navajas eran de su propio equipaje. Alguien de los subalternos dijo a Barrajola que no le diera permiso a Ribas para afeitarse porque podía suicidarse y él dijo: “Nos ahorra trabajo si lo hace”, Ribas habiendo oído esto se rasuró con la mayor tranquilidad. Al terminar esta operación ofrecióle las navajas al sobrino y él no quiso afeitarse; y entonces Ribas le dijo: “¿por qué estar triste; qué más glorias quieres adquirir que por la patria morir?”

Entonces dirigiéndose al jefe le dijo: “Estamos listos; sé la suerte que me espera; y les voy a suplicar que a mi sobrino y a mí nos ejecuten juntos y pongan en libertad al negro que me acompaña que sólo es un esclavo: por eso me ha obedecido”.